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Revista Viajando Nº 52
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De puerto en puerto, Bariloche se asoma PDF Imprimir Correo
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Escrito por Redacción Viajando   
Lunes, 30 de Enero de 2012 00:00

BarilocheChile y Argentina comparten más de alguna característica, como sus maravillosos paisajes. Un claro ejemplo es el mítico cruce entre los lagos Llanquihue y Nahuel Huapi. Aquí un relato de este recorrido en medio de la naturaleza patagónica.

La invitación a vivir una aventura siempre es bienvenida, más cuando incluye paisajes y recorridos únicos por el fin del mundo. En esta oportunidad nos embarcamos en una de las rutas más apetecidas por los turistas en la Región de Los Lagos, en especial por los visitantes brasileños que ingresan a Argentina desde Chile por medio del mítico Cruce de Lagos.

Vale decir que el trayecto no estaba ajeno a las polémicas generadas hace ya varios meses por la erupción del volcán Caulle, lo que ocasionó más expectativas en el grupo, ya que no sabíamos con qué sorpresa nos encontraríamos durante el trayecto a Bariloche. Sin embargo, debemos agradecer a la madre naturaleza que fue benigna con nosotros y nos dio a conocer su más esplendorosa belleza durante todo el trayecto.

SOLO UN APERITIVO.

Ya sea llegando por tierra o por aire, el punto de partida de esta travesía puede ser Puerto Varas o Puerto Montt. Si me permite una recomendación, parta con uno o dos días de anticipación para disfrutar de la zona.

Puerto Varas, por ejemplo, sobresale por sus paisajes de singular belleza con vistas al lago Llanquihue. Es un sitio renombrado por la realización de actividades náuticas y de pesca deportiva; además de los ascensos al volcán Osorno, con un centro de esquí que permanece abierto todo el año. Dueña de una exquisita gastronomía y arquitectura, la llamada Ciudad de las Rosas ofrece una variada oferta de cafés, restaurantes y hoteles de primer nivel. También cuenta con un entretenido casino, donde además se realizan grandes espectáculos.

Puerto Montt por su parte se consolida como centro de llegada de turistas internacionales gracias a su aeropuerto y recaladas de cruceros. En la costa se encuentran hermosos paisajes vírgenes entre los roqueríos bañados por la fuerza del océano Pacífico. En cuanto a la oferta gastronómica, destacan sus platos en base a pescados y mariscos; así como otras famosas preparaciones como el curanto.

EL PODER DE LA NATURALEZA.

Retomando nuestro trayecto hacia Bariloche, cabe decir que los tiempos son más bien estrictos, porque las embarcaciones deben cumplir ciertos horarios, pero sí permiten la visita a puntos de interés como los saltos del río Petrohué.

El primer tramo es en bus desde Puerto Varas o Puerto Montt hasta una de las orillas del lago de Todos los Santos, para luego realizar la travesía hasta el puerto de Peulla a bordo del catamarán Lagos Andinos. Recorrimos este maravilloso lago de aguas de un intenso color turquesa –antes de la erupción del Caulle eran verde esmeralda– rodeado de majestuosas montañas, plenas de naturaleza y teniendo siempre como telón de fondo los volcanes Osorno y Puntiagudo.

La embarcación cuenta con diversos sectores y terrazas para admirar el paisaje. Además ofrece un servicio de cafetería, incluyendo chocolate caliente, bocadillos, cervezas y vinos, estos últimos siempre demandados por los turistas.

El viaje toma poco más de una hora y media hasta llegar a Peulla, lugar de desembarco. Si está pensando en una zona fría y lluviosa, déjeme contarle que a nuestro paso el astro rey no nos abandonó en ningún momento, ofreciéndonos temperaturas que bien podrían ser de zonas más tropicales, además de sus paisajes, los intensos colores de su flora y las grandes hojas de arbustos y árboles que más se parecían al paisaje de una isla caribeña que a un punto de la Patagonia. Quien sí dejó claro dónde estábamos fue la implacable altura del cerro Techado.

Decidimos realizar a pie el trayecto hasta el hotel Natura, donde almorzaríamos. La relajada caminata de 15 minutos nos permitió admirar el paisaje que nos ofrecía esta zona del país y abrirnos el apetito.

Tras un corto recorrido por las instalaciones, tomamos nuevamente un bus que nos llevó hasta Puerto Frías, en Argentina. Este sinuoso trayecto dura cerca de dos horas y contempla los servicios de aduanas de ambos países. En su paso es posible apreciar las diferentes especies arbóreas de la zona, las montañas y el imponente volcán Tronador. 

Esta altura –cuyo nombre proviene del sonido producido por los frecuentes desprendimientos y caídas de bloques de hielo en alguno de los siete glaciares que alberga– se encuentra en la frontera de ambos países y separa el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, en la provincia de Llanquihue, Chile; del Parque Nacional Nahuel Huapi, en las provincias de Río Negro y Neuquén, en Argentina.

DEL OTRO LADO DE LA CORDILLERA.

Ya en tierras argentinas, la situación no varía mucho: salvo por el oficial de aduanas que nos hace seguir un orden estricto según la lista de pasajeros, la naturaleza sigue mostrándonos su mejor cara, el sol impertérrito nos brinda un agradable calor y la tranquilidad se ve perturbada solo por la ansiedad de llegar a la ciudad de los chocolates. La verdad no estoy seguro de que Bariloche sea conocida por ese apelativo, pero sin dudas nunca en mi vida había disfrutado tanto de aquel derivado del cacao como con los productos de aquel lugar.

Volviendo a Puerto Frías, este embarcadero recibe su nombre en honor a Félix Frías, un político y legislador argentino de fines del siglo XIX, defensor acérrimo de la Patagonia. La navegación por el lago del mismo nombre hasta Puerto Alegre es de 10 minutos por aguas muy quietas. Vale la pena disfrutar del silencio y paisajes del lugar. En 10 minutos más de recorrido en bus llegamos a Puerto Blest, el punto de partida para la navegación por el lago Nahuel Huapi.

Puerto Blest es uno de los siete brazos del Nahuel Huapi, cuya superficie alcanza cerca de 557 km². Sus aguas son de un intenso color azul y permiten el desarrollo de distintos deportes acuáticos.

Arriba del barco, el trayecto de una hora nos permite relajarnos y contemplar bellas vistas panorámicas. La fresca brisa nos permite refrescarnos junto a una gaseosa o cerveza helada y admirar el juego de un trío de gaviotas patagónicas que nos acompañó durante todo nuestro viaje.

Finalmente llegamos a Puerto Pañuelo, nuestro último destino lacustre ubicado en la zona de Llao Llao en la orilla del Nahuel Huapi.

Desde este punto a la ciudad de Bariloche hay 25 km. que demanda una hora. El camino no solo ofrece hermosas vistas, sino una muestra de la encantadora arquitectura de la zona, influencia de los colonos europeos.

Déjeme decirle que Bariloche es muy atrayente. Sus calles en pendiente, la arquitectura y su gente hacen de este lugar uno de los principales polos turísticos argentinos. Si bien es cierto que las dichosas cenizas del Caulle han mermado de manera considerable el flujo de turistas, puedo contarle que la ciudad se encuentra 100% operativa y lista para recibirlo con más de una sorpresa, sin importar que tipo de viajero sea.

En mi caso suelo preferir destinos más urbanos con centros comerciales y una activa vida nocturna. Bariloche los tiene y de qué manera. En lo referido a turismo outdoors, las opciones son variadas y en este destino descubrí cierta pasión por la adrenalina, solo le adelantaré que viví la experiencia del rafting en el río Manso, que del nombre tiene solo eso, ya que sus rápidos son grado III y IV. Pero eso quedará para una próxima entrega, junto a otro de mis grandes pasiones y seguro que la suya, la gastronomía y en eso, esta ciudad patagónica es experta.

 

Última actualización en Lunes, 30 de Enero de 2012 23:35
 
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